20 de febrero de 2012

La nena.

La nana la despertó a las 6:42, la nena arruga los ojos para que no entre la luz. Recita la oración de siempre para cumplir con Dios, acto seguido, en el pecho se dibuja una cruz. ¿De quién es el auto que espera dos cuadras al sur? 
Armada con libros de texto, la lleva el chófer, y mamá la despide en la puerta agitando los brazos. La nena con nueve años como iba a saber que hace más de cuatro meses le siguen los pasos. Y el auto que espera a dos cuadras enciende el motor. 
Un tiro en la cien al chófer y la nena va a la deriva. Un árbol detiene la inercia; ellos la tienen rodeada, su frente dio contra el cristal y le ha abierto una herida. Los vecinos se encierran con llave, nadie ha visto nada. Y la mano que mató a su chofer ahora le opaca los gritos, la nena es uno con ceros a partir de hoy. 
La nena ya no arruga los ojos, no ha visto la luz, en la sucursal del infierno no existen ventanas. Su suerte cotiza en billetes de otro país. Su vida es un trueque vulgar parecido a la muerte. La nena no va a ir esta tarde a su clase de inglés.
La nena es un bulto amarrado en un chrysler café, un zapato le oprime la espalda, un pañuelo la boca. La nena está muerta de miedo, es desvelo y noticia. Su planeta cambió de tamaño y mide 4x3. Su sol es la luz que se cuela debajo de una puerta. La nena ya no ve diferencia entre un día y un mes, no sabe si duerme o se mantiene despierta. La nena ya lleva tres meses buscando un porqué.
Seis kilos de menos, la nena tiene llagas rosadas. Papá casi loco, mamá de nuevo en los hospitales. Se pacta la entrega con una voz manipulada, la misma que ha venido ofreciendo souvenirs corporales. El miedo se ríe de todo y se frota las manos; el futuro pone cara de perro si se le da la gana.
La nena ya no arruga los ojos, no ha visto la luz. La nena ya lleva diez meses sin ir al ballet. 
El día indicado el dinero está debajo de un puente, la nena por fin sale del cuarto donde estuvo guardada. Todo marcha como pactaron, no hay ningún pendiente. De pronto, el jefe irrumpe en la casa sin cubrirse la cara; la nena reconoce en el rostro alguien familiar.  Los planes después del incidente han debido cambiar.

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